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ABC del vino: ¿cómo hacerme amiga del vino en 3 pasos?

Cada vez que tengas un vino cerca recordá que utilizando la vista, el olfato y el gusto tendrás tu pasaporte directo al disfrute. Así que siempre memorizá estas tres letras: CAS. Esta sigla te la tenés que grabar a fuego. Color, aroma, sabor. El ABC del vino en tres pasos, tres paradas, tres pasos básicos de una degustación.

Hoy: el aroma

¿Sabías que el vino puede tener más de 500 aromas? Wow. Por eso uno de los momentos más gratificantes que nos regala el vino es cuando acercamos nuestra nariz a la copa y nos dejamos zambullir en un viaje hacia un lugar sin tiempo ni espacio. Por eso es fascinante dejarse llevar por el aroma y, literalmente, viajar.

El aroma es muy emocional, tiene el poder de reencontrarnos con personas queridas que ya no están o que nos vemos hace mucho tiempo; simplemente con oler algo que nos haga acordar a esa persona. Un aroma que me encanta es el olor a vainilla, esté donde esté lo siento, cierro los ojos y me recuerda al flan casero de mi papá.

 

Entonces, para identificar un aroma en un vino es necesario saber que debemos conocerlo de antemano. Es decir, jamás vamos a identificar un aroma en una copa de algo que no hayamos probado u olido en nuestras vidas. El aroma está 100 por ciento relacionado con la memoria, en este caso, sensorial. Al oler un vino estamos recordando esos aromas aprendidos (quizá sin darnos cuenta) algún tiempo atrás. ¿Quién podría identificar la nota a arándano en un Cabernet Sauvignon si jamás en su vida probó la fruta o alguna mermelada elaborada con ella? Siempre que estamos catando y oliendo, estamos recordando.

Si hablamos de aromas podemos dividirlos en tres grandes grupos: aromas primarios, aromas secundario y aromas terciarios. Técnicamente los aromas primarios o varietales son los típicos de cada uva, hasta podría decir que son los que están en el ADN de cada uva. Por ejemplo, un Malbec nos regala notas a ciruela o violetas porque están intrínsecas en su fruto. Es importante también subrayar que son aromas naturales, que ofrece la variedad de cada uva. No son aromas agregados ya que el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) prohíbe justamente la adición de aromas artificiales en los vinos. Entonces, ¿por qué encontramos esos aromas? Porque los vinos comparten moléculas aromáticas con otros elementos entonces nos recuerdan a ellos. Si hubiéramos probado primero el Malbec antes que la ciruela, cuando tuviéramos la fruta en nuestra boca nos recordaría al Malbec. Como creo que todas primero probamos la fruta y después el vino la relación se da de esta forma, ya que siempre relacionamos los elementos con el primer recuerdo que formamos.

Los aromas secundarios son los que se suman al vino durante el proceso de elaboración. Si pensamos que el vino no es más que el mosto (o jugo) de uva fermentada por la adición de levaduras (también se pueden usar las levaduras naturales de la uva) es muy común que podamos encontrar notas que nos hagan acordar  justamente a la levadura, a la manteca o a algunos panificados.

Por, último los aromas  terciarios son los que aporta la crianza del vino, es decir su paso por madera. Seguramente escucharon hablar más de una vez de las barricas de roble (generalmente se utilizan las elaboradas en Francia o Estados Unidos, aunque recientemente también se están sumando algunas hechas en Hungría). Los aromas de la crianza nos aportarán notas a vainilla, coco, cacao, chocolate, café o humo.

Entonces, a partir de ahora cada vez que tengas una copa de vino en la mano girala suavemente, con movimientos circulares para despertar los aromas del vino (¡sí, el vino cuando está en la botella está como durmiendo una siesta y tenemos que despertarlo suavemente!). Cerrá los ojos, inhalá profundamente y dejate llevar por ese viaje mágico que te regalará disfrutar los aromas del vino.

Periodista y sommelier. Escribe en medios de la Argentina, Chile, Paraguay y España. #mapadelvino #melocontounasommelier. En redes: @marianagiljuncal