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De mamá a mamá: ¿Cómo es criar a un bebé prematuro?

En la Semana del Prematuro, Ximena nos cuenta su experiencia con Juan, su “pequeño guerrero” que nació pesando 770 gramos.

Poné una foto de Juan de ahora, así las mamás ven que se puede”. El pedido de Ximena (46) al terminar esta entrevista fue bien claro: quiere que su experiencia sea un mensaje de esperanza para las madres que están pasando por lo que ella y su bebé vivieron.

Después de cinco años de una larga búsqueda, Juan nació de 27 semanas y pesó 770 gramos. Su condición de prematuro extremo -cuando un bebé nace antes de las 28 semanas- lo obligó a vivir seis meses en neonatología con respirador artificial y un año con internación domiciliaria, además de una operación del corazón y tres intervenciones por hernias.

Hoy Juan tiene más de dos años y medio y una vida absolutamente normal: “Es indescriptible lo que se vive con un bebé prematuro, pero lo más lindo es que ahí realmente uno empieza a creer en los milagros. Conocer a esos guerreros que nacen con menos de un kilo y que logran salir adelante, es ver que los milagros existen”, afirma.

¿Cómo es ser mamá de un bebé prematuro?
Es todo lo que nunca pensaste que ibas a ser. Tener un bebé prematuro es tener un bebé que apenas nace no lo podés agarrar, no lo podés tocar ni lo podés apoyar sobre vos. Es tener un bebé al que tenés que dejar en un hospital y volver a tu casa, sin la panza y sin él. Y donde todo lo que soñaste que le ibas a poner, desde esa batita hasta ese conjunto que le habías comprado, no se lo podés poner. Ser mamá de un bebé prematuro es una experiencia que no le deseo a nadie que pase; es ver un bebé lleno de cables y de vías para que pueda vivir y saber que eso es más que necesario.

¿Cuáles pueden ser los momentos más difíciles del proceso?
Todo el proceso en sí es difícil porque siempre estás entre la vida y la muerte y sin saber qué va a pasar. Tu vida se queda absolutamente detenida porque estás abocada a ese bebé al cien por ciento y porque lo más importante para él es que estés ahí, a su lado, aunque sea sólo mirando su cuna o incubadora, pero que estés ahí.

¿La madre queda en segundo lugar en un momento así?
Lo que una mamá pasa de por sí, con su postparto y su puerperio, en algún punto queda relegado. No hay tiempo para que te duelan los puntos o los pechos porque tenés que estar ahí apuntalando a ese bebé que está luchando por vivir. Si esos bebés pueden, que son guerreros con una fuerza impresionante para aguantarse los pinchazos o las infinitas transfusiones de sangre pueden superar el proceso, la madre también: ellos son la fuerza.

¿Y la familia? ¿Ellos también ayudan para alcanzar esa fuerza necesaria?
Sus tíos y sus primos lo conocieron recién a los seis meses, después que salió de neo, pero todo el tiempo que estás en el hospital, la contención familiar es súper importante. Desde alguien que vaya para ese ratito que podés bajar a tomar un café hasta que haya alguien que te diga “voy a almorzar”. Es tanta la soledad que uno siente cuando está ahí y el miedo de que tu bebé no esté más, que ellos y las otras madres con las que uno toma contacto son fundamentales. Además, ellas saben lo que vos sentís porque están en la misma situación y eso ayuda un montón también. Es como si uno formara parte de una gran familia. Todo ahí adentro ayuda porque hay momentos de mucha angustia, días en los que entrás a las 8 de la mañana y el panorama es uno, salís a almorzar, volvés y el panorama es otro. Es todo un tiempo un subibaja de emociones.

Si esos bebés logran tener fuerza para aguantar el proceso, la madre también puede: ellos son la fuerza

¿Qué se siente cuando llega el momento del alta?
Cuando le dan el alta y al fin llega ese momento en el que lo único que querés es estar con tu hijo, da miedo irse. Creo que lo que pasa en estos casos es que uno va viendo el embarazo desde afuera, va esperando que se desarrolle, que crezca, que vaya fortaleciéndose. Esos últimos tres meses que le faltaban, era como poder ver el proceso de Juan fuera de la panza hasta que estuvo listo para salir. Con los médicos todo está contenido, entonces después es todo una gran incertidumbre y da mucho miedo volver a casa.

Y una  vez en casa, ¿cómo son los cuidados?
En el caso de Juan, los cuidados tuvieron que ser muy precisos, pero en general hay que tratar que no estén en lugares con mucha gente por las posibilidad de contagio. El hoy hace una vida absolutamente normal, pero para equiparar esos tres meses que nació antes de tiempo, hizo kinesiología, terapia y estimulación temprana. Lo más importante en este proceso es entender que los tiempos no son de uno, sino de ellos: Juan sabía cuándo él estaba listo para poder salir de la neo o cuándo estaba listo para poder dejar su oxígeno. Por más que uno se muera de ansiedad, el tiempo es de ellos y hay que aceptar y respetar esa realidad. Esa fue la gran lección que aprendí.

 

El próximo enero Juan cumplirá tres años. Y este 2019 lo espera con otro gran desafío: empezar el jardín de infantes.

Periodista especializada en LifeStyle y Gastronomía. Escribe en diferentes medios gráficos y digitales. #Foodie. En redes: @gcarpineta